ERA IKHTHYS
LA MOLIENDA
CANNAS
2015
Era Ichthys.
MONTERREI
2015
Ocurrió varias veces, ocurrió varias veces hasta convertirse en algo habitual.
Era por las tardes, cuando el
profesor permanecía en el aula, una vez finalizada la jornada lectiva, preparando
las clases del proyecto interdisciplinar.
Pequeños manojos de mimbre
ordenados según su longitud y dispuestos sobre las mesas de trabajo en grupo,
tal y como habían quedado de la clase anterior.
La señora Zulema abría la
puerta y, al verle, se disculpaba de antemano para no molestar.
–Perdón– decía –hoy no parece
estar el aula muy desordenada. No molestaré mucho, procuraré terminar pronto.
–No hay problema –contestaba él, casi sin apartar la
mirada de sus propias manos, mientras acababa de hacer un tosco pez tejido en
mimbre.
Esta misma escena se repetía todas las tardes,
esperando a que se hiciera de noche para regresar a dormir en una pensión
cuando contaba con dinero suficiente y había una habitación disponible.
La señora Zulema abría la puerta y, al verle, se
disculpaba como siempre de antemano para no molestar.
–¡Hola! ¿Quiere ver lo que estoy haciendo? –le decía
el profesor mientras le mostraba los peces de cestería.
Y la señora Zulema tomaba aquellas piezas en sus manos
y se deshacía en muchos elogios y bellas palabras. Incluso cada vez que el
profesor subía alguna de las fotografías del proceso creativo de la obra a la
red social, la señora Zulema respondía con bellos e inteligentes comentarios de
ánimo.
Al curso siguiente, cuando se
reiniciaron las clases, la señora Zulema ya no regresó por el centro; al
parecer ella había permutado el puesto de trabajo con otra limpiadora del
lugar.
La sensibilidad no tiene ropa
ni depende de la apariencia exterior; consiste, simplemente, en abrir las puertas que permiten entrar las
manifestaciones del teatro de la vida que pasa por delante de nosotros. Es el
punto de partida del arte del amor.
Sí, como en “La elegancia
del erizo”; sí, como en la novela –pensó.
Durante varios días fabricó más de un centenar de
criaturas marinas, iguales en esencia pero diferentes en la forma, una multitud
de vivientes salidos de su mente a través de sus manos.
Le recordaba el símbolo primitivo que utilizaban los
primeros cristianos y en el que escribían letras que formaban la palabra Ichtys
(ΙΧΘΥΣ) cuyo significado en Griego es pez
pero al mismo tiempo puede interpretarse como el acrónimo de Iēsoûs CHristós THeoû hYiós Sōtér cuya tradución es “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador"
Como se acercaban las vacaciones de Semana Santa,
pensó que sería bueno atraer público para dar publicidad al local, conectando
de esta manera en tiempo y concepto con la exposición.
El doblegar las ramas y convertirlas en formas,
parecía generar nuevas conexiones en el cerebro y estimular las dopaminas como
recompensa a su esfuerzo.
El haber tenido que trasladarse a vivir a otro lugar,
la tensión acumulada del trabajo de su mujer, la enfermedad de su padre y los
miedos propios de la incertidumbre, habían llevado la relación familiar a una
situación tensa y chispeante.
Sobrevivir a aquella carga emocional lejos de casa,
lejos de su esposa, lejos de sus hijos; le resultaba casi insoportable. Gracias
a la cestería y a Ichthys no se derrumbó.
El haber utilizado la creatividad como vávula de
escape había sido un acierto y, así fué como nació su último proceso creativo
en La Molienda Cannas.
La Molienda es un local de referencia en la villa, donde comprar
buen pan, tomar un buen café con dulces tradicionales o beber un buen vino de
Roa acompañado de exquisitas tapas, situado frente al antiguo muelle pesquero,
en la población marinera de Cannas.
Gracias a las palabras de aliento de una limpiadora y
al inmenso amor por los suyos aún hoy podemos contemplar su obra en mimbre “Era
Ichthys”, integrada en la tablazón de las fauces del local u, ondulando en
el aire, atrapada en el tamiz de una red irregular de cordel de fibra natural,
tejida con sus manos, que unifica la calle y el espacio interior.
CANNAS
2015
Era el día de la inauguración
de la exposición.
"Era Ichthys."
Una pesca anunciada, con
viandas y arte que estaba permitido tocar.
Apertura de la exposición cambiante basada en la creatividad textil y centrada en la cultura del pez. Acompañan también otras formas de expresión artística y trabajo en vivo. Tapas divergentes "Cinco panes y dos peces".
5 PANES Y 2 PECES
01) La idea.
Por la boca entra la comida y
sale la palabra.
Esta iniciativa gastronómica y
cultural tiene la base en el conocido relato del reparto de los panes
y de los peces.
Mc 6,33-45
Dar de comer, partir, servir,
dividir no solo la comida en el sentido económico, sino que podemos, a través del
hecho de sentarse juntos a comer, compartir las ideas mediante la palabra.
5 PANS E 2 PEIXES
Es una idea original de La Molienda Cangas, dentro de su proyecto ERA ICHTYS, una alternativa divergente para la convergencia
en la creatividad.
Por
primeira vez presentamos nuestras cinco
estrellas de pan, cinco sabores de mezclas diferentes de base en el
centeno, el maiz, el trigo, la castaña y el café, coronados con una combinación
de dos peces diferentes, en las doce
cestas con forma de mola de La Molienda Cannas.
De la
fiesta de la cosecha de cereales y frutos y de la fiesta de la harina molida en
las moliendas.
Hacemos
la selección del pan de centeo, ese pan negro; por la importancia del centeno
en la dieta galaica, en la cestería o en la arquitectura anónima de las
pallozas.
Hacemos
la elección del pan de maiz, ese pan humilde del relato de la teogonía maya;
por lo que significó en la relación con la América de ultramar y con la
arquitectura popular y religiosa de Galicia.
Elegimos
el pan de trigo, ese pan blanco, de la expansión y de los convencionalismos.
Elegimos
también el pan de castaña, ese pan arcaico, por nuestros sotos de la Galicia
interior poblados de castaños y por las iniciativas gastronómicas de futuro.
Y no
queremos olvidarnos del pan de café, como no, ese pan del homenaje a la
concordia y a la conversación.
2) El
diseño de la presentación.
La
presentación está geometricamente diseñada con la divina proporción y como unha
estrella pentagonal de pan coronada por una combinación de sabor de dos peces
diferentes, inscrita en la corona circular de la cesta de la mola.
3) La
presentación.
¿Y como
vamos dar de comer a tanta gente?
El
reparto de los panes y de los peces.
Para
producir para muchos, tenemos que trabajar sistematicamente.
4)
Acompañamiento musical.
Música
popular gallega.
Música
popular americana.
Capítulo 1
Monterrei
2015
O rumor do vime
A luz da tarde na facultade tiña
unha cor densa, como de mel cansa, que se filtraba polas fiestras da aula
baleira. O profesor non tiña présa por marchar. Alí, rodeado de pupitres
desordenados e o rastro do xiz no encerado, o tempo detíase. Sobre as mesas de
traballo en grupo, pequenos feixes de vime descansaban ordenados pola súa
lonxitude, como unha formación de soldados vexetais agardando unha orde.
As súas mans, endurecidas pola fibra
seca, movíanse cunha cadencia hipnótica. Cruzar, tensar, dobrar. O
renxer do vime era o único son que rompía o silencio, unha linguaxe de madeira
que parecía entender mellor que as palabras que cruzaba coa súa muller polo
teléfono.
De súpeto, o rozamento metálico
dunha chave e o pío da porta interromperon o seu trance. Era a señora Zulema.
—Perdón —dixo ela, asomando a cabeza
con esa discreción de quen se sabe habitante das sombras do edificio—. Hoxe non
parece estar a aula moi desordenada. Non molestarei moito, procurarei rematar
pronto.
O profesor apenas apartou a mirada
do tosco peixe que cobraba vida entre os seus dedos.
—Non hai problema, Zulema. Entre,
por favor.
Ela comezou a súa coreografía diaria
de baiana e mopa, pero ao chegar á altura da mesa central, detívose. Os seus
ollos, afeitos a mirar o chan buscando manchas, ilumináronse ao descubrir as
criaturas que o profesor ía deixando atrás.
—Quere ver o que estou facendo?
—preguntou el, ofrecéndolle unha das pezas.
Zulema soltou o mango da fregona e
tomou o peixe cunha delicadeza que o profesor non agardaba. Xirouno baixo a
luz, admirando a trama.
—É... é unha marabilla —murmurou
ela—. Parece que respira. Siga así, non deixe que estas mans se esquezan de
facer cousas belas.
Aquelas palabras craváronse nel con
máis forza que calquera crítica académica. Mentres Zulema saía da habitación,
el lembrou A elegancia do ourizo. A sensibilidade, pensou, non depende
do uniforme nin do cargo; é a capacidade de abrir a porta á beleza cando a vida
pasa por diante, incluso cando esa vida é só un peixe de vime nunha aula
baleira.
Esa noite, na soidade da pensión, o profesor
debuxou no seu caderno unha palabra grega: ΙΧΘΥΣ.
Non era só un peixe. Era un refuxio.
Era Ichthys. E mentres o medo pola enfermidade do seu pai e a distancia dos
seus fillos ameazaban con derrubalo, el aferrouse á idea de que, se podía tecer
un peixe de madeira, quizais tamén podería reconstruír os pedazos rotos da súa
propia historia.
Pechou os ollos e, por primeira vez en semanas, o cheiro a resina e terra húmida do vime foi máis forte que o da incerteza.
Capítulo 2
A fariña e o fermento.
O traslado a Cangas non foi unha
fuxida, aínda que ás veces o profesor o sentise así. Foi máis ben unha busca de
osíxeno. Cando o coche se detivo fronte ao antigo peirao pesqueiro, o aire
cargado de salitre golpeoulle a cara como unha labazada de realidade. Alí, as
ondas non pedían explicacións, simplemente batían contra o granito do muelle,
imperturbables.
Levaba con el, como un tesouro
fuxitivo, as caixas cheas de criaturas de vime. Ichthys viaxaba no asento do
copiloto.
Fronte ao porto, un letreiro de madeira anunciaba o lugar que se convertería no seu novo santuario
La Molienda.
Ao entrar, o son do mar foi substituído por un aroma que o
transportou directamente á infancia: o cheiro do pan acabado de saír do forno,
ese arrecendo cálido que abraza antes de saudar.
—Benvido —dixo unha voz detrás do
mostrador—. Aquí o pan non se vende, aquí o pan compártese.
O profesor botou unha ollada ao
local. Viu as moas antigas, testemuñas de pedra dun tempo máis lento, e as
cestas que agardaban ser enchidas. Dun xeito case instintivo, sacou un dos seus
peixes de vime e pousouno sobre o mostrador de madeira.
—Veño de lonxe —dixo el—, e estas
mans precisan axuda para non esquecer como se tece a esperanza.
A dona da Molienda colleu o peixe, observando a rede irregular de cordel de fibra natural que o profesor comezara a tecer para unificalo todo.
Naquel momento, o proxecto ERA ICHTHYS
deixou de ser unha idea solitaria para converterse nunha "alternativa
diverxente".
—Cangas é terra de mareas —dixo a panadeira—. E as mareas sempre traen algo novo. Imos facer algo grande. Imos
dar de comer non só ao corpo, senón tamén á alma.
Mentres fóra o sol comezaba a caer sobre a ría, dentro da Molienda empezaba a xerminar unha idea tecida a man.
Cinco pans que contarían a historia de Galicia e da humanidade.
O centeo
negro das pallozas, o millo humilde que veu de ultramar, o trigo
branco dos convencionalismos, a castaña arcaica dos soutos e,
finalmente, o café, o pan da concordia.
O profesor sentiu, por primeira vez
en moito tempo, que o peso da tensión familiar e a sombra da enfermidade do seu
pai se facían máis lixeiros. Alí, fronte ao mar de Cangas, as mans que dobraban
vime ían aprender tamén a amasar o futuro.
Capítulo 3
A xeometría da concordia
A Molienda transformouse nun
obradoiro onde a fariña e o vime compartían o aire. O profesor pasaba as horas
debuxando esquemas sobre o mostrador, procurando esa "divina
proporción" que unise a súa arte coa tradición do forno. Non se trataba só
de facer pan; tratábase de esculpir símbolos.
—O cinco é o número da vida
—explicaba o profesor mentres as súas mans, aínda con restos de resina,
axudaban a dar forma á masa—. Unha estrela pentagonal. Cinco sabores que son
cinco historias.
O primeiro en saír do forno foi o pan
de centeo. Escuro, denso, con ese arrecendo que fala da Galicia máis
profunda, da resistencia das pallozas baixo a neve. Despois veu o millo,
cunha cor dourada que parecía gardar o sol de ultramar, o pan que alimentou
xeracións de mans humildes. O trigo achegou a brancura da expansión, o
equilibrio; mentres que o pan de castaña, arcaico e doce, devolvía o
sabor dos soutos da Galicia interior.
Pero foi o pan de café o que
selou o pacto.
—Este é o pan da conversa —dicía o profesor—. O que se parte mentres se amañan os problemas do mundo.
Mentres os pans arrefriaban sobre as
moas, o profesor comezou a instalar a súa obra: "Era Ichthys".
Subido a unha escaleira, foi tecendo unha rede irregular de cordel de fibra natural
que penduraba do teito como unha pel de mar invisible. Nesa rede, atrapados no
aire, comezaron a "nadar" os máis de cen peixes de vime que fabricara
durante as súas noites de insomnio.
A rede non se detía no interior.
Cunha audacia creativa, o profesor fixo que a trama atravesase o limiar,
unificando a rúa co espazo interior de La Molienda. Os veciños de Cangas
detíñanse asombrados ao ver como o vime ondulaba co vento do mar, integrándose
no tabuado do local.
—Parece unha pesca milagrosa
—murmurou o panadeiro ao ver o resultado final.
O profesor sorriu. Aquela rede era,
en realidade, a súa propia válvula de escape. Cada nó no cordel era unha
mensaxe de amor enviada á súa muller e aos seus fillos na distancia. Grazas a
Ichthys, a carga emocional que parecía insoportable semanas atrás tornábase
agora en algo tan lixeiro como o vime que bailaba sobre as súas cabezas.
As vacacións de Semana Santa estaban
preto. O escenario estaba listo. "Cinco pans e dous peixes" deixaba
de ser un relato bíblico para converterse nunha realidade palpable, nunha
invitación a compartir a palabra a través do bocado.
—Zulema tiña razón —pensou o
profesor mentres contemplaba a súa obra—. A sensibilidade é abrir as portas. E
hoxe, por fin, as miñas portas están abertas de par en par.
Capítulo 4
A pesca anunciada
O día da inauguración, Cangas
amenceu cunha brisa limpa que facía bailar os peixes de vime na entrada da
Molienda. O profesor sentía un proído nas mans, non polo traballo, senón pola
expectación. Aquela era unha "pesca anunciada", pero o que se ía
pescar non eran capturas de mar, senón olladas e palabras.
—Hoxe a arte pódese tocar —anunciou
o panadeiro mentres abría as portas de par en par.
O local encheuse axiña. O son da
música popular galega, coas súas gaitas e pandeiretas, comezou a trenzarse coas
notas da música popular americana, creando unha atmosfera
"diverxente", xusto como o profesor soñara. Era unha ponte entre dúas
beiras do Atlántico, a mesma ponte que o millo cruzara séculos atrás.
No centro, as doce cestas con forma
de moa presidían a estancia. Nelas, as estrelas pentagonais de pan lucían
coroadas polos dous peixes, unha combinación de sabores que desafiaba o
convencional.
—"Cinco pans e dous
peixes" —repetía unha muller mentres partía un pedazo de pan de castaña—.
Mira que idea máis fermosa.
O profesor observaba dende un
recuncho, emocionado. Víu como a xente, ao sentarse xunta a comer, comezaba a
facer o que o proxecto buscaba: compartir. Da boca entraba o pan de centeo ou
de café, e dela saía a palabra, a anécdota, a risa. O espazo interior e a rúa
eran agora unha única cousa, unificados por esa rede de fibra natural que
semellaba as fauces dun mar acolledor.
De súpeto, o seu teléfono vibrou no
peto. Era unha mensaxe da súa muller cunha foto dos seus fillos. Por primeira
vez en moito tempo, a imaxe non lle provocou a asfixia da morriña, senón unha
paz profunda. O amor por eles, ese "inmenso amor" que o mantivera en
pé, estaba alí mesmo, integrado no vime e no tabuado do local.
Lembrou entón á señora Zulema.
Imaxinouna alí, coa súa bata de traballo, pasando os dedos por aquela rede
irregular e dicindo cun sorriso: "Veu? Díxenlle que non deixase de
facer cousas belas".
O profesor ergueu a súa copa de viño
de Roa e brindou en silencio polo amor, pola sensibilidade que non entende de
aparencias e por ese arte que, como o pan, se parte e se reparte para que
ninguén quede con fame de alma.
A exposición "Era Ichthys" xa non era súa. Era de todos os que, nesa tarde de Cangas, decidiron que o teatro da vida merece ser celebrado, peza a peza, bocado a bocado.
Epílogo
O fío que non rompe
A viaxe de volta dende Cangas foi
moi distinta á de ida. O coche xa no cheiraba a incerteza, senón a ese recendo
persistente de resina e pan de centeo que se lle quedara pegado na pel. No
asento de atrás, xa non había caixas baleiras, senón un último feixe de vime
fresco, flexible e vivo, que mercara antes de saír.
Cando por fin aparcou diante da súa
casa, o profesor quedou un momento en silencio, coas mans no volante. Mirou as
súas palmas: estaban cheas de pequenas fendas e calos, a xeografía dun loitador
que aprendera a dobrar a madeira para non romper el mesmo.
Ao entrar, o rebumbio dos seus
fillos recibiuno como unha marea brava.
—Papá! Que traes aí? —preguntaron ao
ver as varas de vime.
O profesor sorriu, deixou o vime
sobre a mesa do salón —esa mesa que durante meses fora testemuña da tensión e
do silencio— e chamou á súa muller coa mirada. Xa non había electricidade
estática no ambiente, só unha curiosidade compartida.
—Traio unha historia que comezou
nunha aula baleira e rematou fronte ao mar —dixo mentres collía as mans dela—.
Pero tamén traio un segredo: o vime, se se traballa só, é fráxil. Pero se se
trenza con outros, faise irrompible.
Esa tarde, sentado no chan cos seus
fillos, o profesor non deu unha clase maxistral nin falou da "divina
proporción". Simplemente deixou que as mans pequenas dos nenos tocasen a
fibra vexetal. Ensinoulles a facer o nó primitivo, a cruzalo por debaixo e por
riba, a sentir o renxer da madeira.
Mentres daban forma a un pequeno
peixe, tan tosco e real coma aquel que vira a señora Zulema, o profesor
comprendeu que o seu último proceso creativo non quedara exposto na Molienda. A
verdadeira obra era esa: o fío invisible que unificaba a súa vida en Cangas co salón
da súa casa, a arte de converter a dor en algo que se pode tocar, compartir e
amar.
O proxecto "Era Ichthys"
continuaba, pero agora a rede era a súa familia, e o vime, o fío que os
mantería unidos, ondulando no aire, sen medo ás correntes da vida.

